Las lesiones más comunes cuando practicas sexo y cómo tratarlas

El sexo puede ser una experiencia placentera y saludable, pero, como cualquier actividad física, no está exento de riesgos. Al combinar movimientos vigorosos, posturas poco habituales e incluso momentos apasionados, pueden ocurrir accidentes que dejan pequeñas molestias o incluso lesiones más serias. ¿Sabías que muchas de estas heridas se pueden prevenir o tratar fácilmente con el cuidado adecuado?
Desgarros vaginales y resecamiento
Uno de los problemas más comunes que enfrentan las mujeres durante el sexo son los desgarros vaginales. Estos ocurren cuando las paredes vaginales sufren pequeñas heridas debido a una penetración seca o movimientos bruscos. El resecamiento vaginal puede ser causado por falta de lubricación, ya sea natural o artificial.
Para prevenirlo, asegúrate de usar un lubricante a base de agua si sientes molestias. Si ya ocurrió un desgarro, es importante mantener el área limpia y evitar relaciones sexuales hasta que sane por completo. En casos de dolor persistente o sangrado, consulta a un especialista.
Fractura de pene
Aunque no contiene huesos, el pene puede experimentar una fractura, es decir, una ruptura en el tejido que lo rodea. Esto ocurre usualmente durante movimientos bruscos o al chocar accidentalmente contra el hueso pélvico o una superficie dura, ocasionando un sonido característico, hinchazón y dolor intenso. Esta lesión requiere atención médica inmediata para evitar complicaciones como deformaciones permanentes o dificultades en la erección. Si crees haber sufrido una fractura de pene, no dudes en ir al hospital de inmediato.
Esfuerzos musculares y contracturas
La emoción del momento puede llevarte a probar posiciones sexuales que requieren mayor flexibilidad o movimientos intensos. Esto puede provocar esfuerzos musculares, especialmente en la espalda, muslos o cuello. Las contracturas, calambres o incluso tirones musculares también son comunes tras sesiones largas de actividad sexual.
La mejor forma de prevenir estas molestias es mediante estiramientos regulares y actividad física moderada para fortalecer los músculos. Si notas dolor tras el sexo, utiliza compresas frías o calientes, descansa y realiza ejercicios suaves de relajación muscular.

Contusiones y caídas
El sexo espontáneo a veces puede llevar a golpes imprevistos. Las contusiones leves, moretones o incluso ligeras caídas pueden ocurrir si utilizas superficies inestables o resbalosas. Aunque estos accidentes suelen ser menores, es vital tomar precauciones, como mantener el área de juego despejada y usar camas robustas o superficies seguras. Si sufres una contusión, aplica una compresa fría para disminuir la hinchazón. Si hay dolor severo o dificultad para moverte, consulta a un médico.
Irritaciones y reacciones alérgicas
Algunos productos utilizados durante el sexo, como lubricantes, preservativos o juguetes sexuales, pueden causar irritaciones en la piel o reacciones alérgicas. Esto se manifiesta como enrojecimiento, picazón o sensibilidad en las áreas afectadas.
Para evitarlo, opta por productos hipoalergénicos o sin fragancia y realiza una prueba de sensibilidad antes de usarlos. Si ya tienes una reacción, lava el área con agua tibia y jabón suave. En casos más graves, como hinchazón o dolor persistente, acude a un dermatólogo.
Objetos atrapados en el cuerpo
Aunque pueda parecer incómodo hablar de ello, los objetos retenidos en la vagina o el recto son más comunes de lo que imaginas. Esto ocurre cuando se utilizan juguetes sexuales que no cuentan con bases de seguridad o si no se emplean de la forma correcta. Si notas que algo quedó atrapado, no intentes retirarlo de forma brusca, pues podrías causar más daño. En su lugar, acude a un profesional de salud que pueda resolver el problema de manera segura.
Laceraciones en el recto
El sexo anal puede causar laceraciones o pequeñas heridas en el recto, especialmente si no se utiliza suficiente lubricante o si los movimientos son demasiado rápidos. Esto puede ir acompañado de dolor, sangrado o una sensación de ardor.
Para prevenir estas lesiones, utiliza abundante lubricante y comienza con movimientos lentos. Si ya tienes una herida, evita el contacto sexual en la zona y mantén una higiene adecuada. En casos de infecciones o dolor persistente, busca atención médica.
Exceso de presión en el cuello y garganta
Para quienes disfrutan del sexo oral, existe el riesgo de lastimarse la garganta o los músculos del cuello debido a posturas incómodas o movimientos prolongados. Este tipo de molestias puede causar dolor temporal o dificultad para tragar.
La solución más sencilla es evitar sobrecargar estas áreas y mantener una postura relajada. Si ya tienes dolor, descansa y prueba con compresas tibias para aliviar las molestias.
El sexo, aunque placentero, puede traer consigo situaciones inesperadas si no tomamos las precauciones necesarias. Escucha a tu cuerpo, comunica cualquier incomodidad con tu pareja y no dudes en buscar ayuda médica si enfrentas lesiones o molestias persistentes. Lo más importante es disfrutar de una vida sexual saludable y responsable. Recuerda, un poco de cuidado puede evitar problemas grandes. ¡Que la pasión no sea motivo de dolor!